Derecho financiero y tributario 2020. Parte general

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Disponible (en stock)
ISBN
9788413088792
Nombre del producto:
Derecho financiero y tributario 2020. Parte general
Fecha de edición:
26 jun. 2020
Número de Edición:
20
Autor:
Cazorla Prieto, Luis María
Idioma:
Español
Formato:
Libro+e-Book
Páginas:
742
Lugar de edición:
PAMPLONA
Colección:
TRATADOS Y MANUALES ARANZADI
Encuadernación:
Rústica

Presentación.

I

Aunque viene históricamente de lejos, creo que es a don Ramón Menéndez Pidal a quien debemos la más perfilada plasmación contemporánea de la idea de los dos órdenes con los que la realidad se despliega en las cosas: el orden de la latencia y el de la patencia; la realidad de las cosas no la conforman sólo lo patente, lo visible, lo encarable, sino también (de ahí muchas veces lo invisible de ello) lo latente, lo que bulle en las cosas desde su último torso hasta su más epidérmica corteza, sin que, a pesar de ello, pueda ser visto por los ojos de la cara y sí por los del espíritu, los de la inteligencia y hasta los de la intuición.

En la compleja realidad que se da cita en la preparación de un libro, la faceta de lo latente cobra dimensiones grandes, sobre todo si hablamos del género en el que se alista el que comienza a bregar con estas líneas. A su vez, el pulso vital, el tableteo intelectual que da aliento a un libro constituye la manifestación más puntera de su realidad latente, extremo que alcanza todavía más predicamento en el caso de un manual universitario como es el que ahora presento.

No me parece, pues, leal con los que se adentren en las páginas de este libro hurtarles noticia, breve aunque sustanciosa, acerca de lo que late en sus páginas, que, junto a las letras que son patentes, conforma la obra que con gran ilusión entrego a Editorial Aranzadi.

II

Es difícil que la llegada de un Catedrático a una Universidad grande (me ciño ahora a lo numérico) le deje indiferente, por muy acorchado que esté por los vapuleos de la enguijarrada carrera universitaria. Al gran número de alumnos, por otro lado, se suma la variedad de licenciaturas y diplomaturas por las que éstos se reparten, todo lo cual precisa para su atención un también crecido grupo de profesores. ¿Cómo acercar todo esto a una relativa homogeneidad, que dote de cierto sentido de unidad a las enseñanzas y que permita un respeto al flexible tratamiento igual de los alumnos? Creo que la existencia de un programa común de enseñanza y la implantación por vía de consejo de un texto prevaleciente son herramientas sustanciales para el logro de tales propósitos, y ello es responsabilidad directa de quien dirija el área de conocimiento de que se trate.

En estas circunstancias me he encontrado yo con mi llegada a la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, tras una gozosa y fructífera estancia de aproximadamente cuatro años en la Universidad de Burgos, donde dejo amigos y obra.

Mas la realidad objetiva ha de confrontarse con la subjetiva, para así completar la integral. Es cierto que, como escribió el maestro Sáinz de Bujanda: «Un libro para alumnos constituye, en mi sentir, la más difícil obra que un universitario pueda acometer y, sin disputa, la más cargada de responsabilidad»1).

En efecto, la elaboración de un manual principalmente destinado a los alumnos es una tarea propia del estío de la carrera universitaria de su redactor. Salvo mentes y casos privilegiados, la penosísima labor de constreñir hasta síntesis preñada de complitud y sistematicidad una materia jurídica como la financiera (al igual, por otra parte, que otras muchas) es algo que reclama sin excusa la suficiente madurez universitaria que, sin embargo, no haya apagado todavía el último rescoldo del empuje de una juventud, sin embargo, ya lejana; en suma, la empinada cuesta del manual es propia, a mí modo de ver, del estío universitario de su redactor, como anunciaba antes. Y en esa situación personal me encuentro yo, de manera que, con la mirada fija en mis adentros, cobró recientemente cuerpo en mis entrañas un desazonante ahora o nunca. En la disyuntiva me aferré al ahora, empujado por un impulso vital que me llevó, en tiempos muy difíciles por otra parte para mí, a preparar mi «Derecho Financiero y Tributario» en poco más de seis meses, en los muy azacaneados para mí seis primeros meses del año 2000.

Laten dentro del libro que presento otros elementos dignos de ser espigados. He escrito este libro deprisa, como se deduce de lo dicho, pero sin prisa. Para conciliar ambos extremos, aparentemente tan contradictorios, he tenido que amalgamar el impulso vital que me azogaba con la paciencia, que tanto he tenido que desarrollar para no desbordarme y de la que es retoño importante la minuciosidad humilde que he querido imprimir en los pliegos escritos. He contado, por fin, como compañero inseparable de mis agotadoras horas aferrado a la pluma a un alumno, sí, un alumno sin nombre, sin cuerpo pero con mucha alma, cuyas necesidades he tenido presentes y en cuya situación me he querido encarnar, para así comprobar si aquello que escribía cumplía con su misión fundamental, que es la de enseñar, la de guiar los primeros pasos en el erizado campo de lo jurídico-financiero. Sólo si se cumple este requerimiento básico se puede abrir camino la meta soñada de todo escritor, si cabe todavía más acusada en la faceta manualística. Me refiero a la recreación de la obra hasta hacerla suya por el lector-estudiante, en comunicación intelectual con el profesor-redactor, que transmite así al alumno a través de su manual hasta la última brizna de su entendimiento del sistema jurídico-financiero.

III

Los aspectos glosados en el apartado anterior forman parte de la realidad latente sobre la que se posa este libro. Vayamos ahora a otros más patentes en las líneas que lo componen, los cuales, empero, interesa distinguir con trazo fuerte.

1. La obra que presento pertenece a un género definido; pertenece al género manualístico, que, como escribiera Ortega y Gasset de la novela y traíble aquí, se caracteriza «en poseer una estructura dada rigurosa e inquebrantable»2). La insoslayable misión docente del manual, al servicio inexorable de la formación del alumno universitario, impone una estructura precisa, nutrida por un contenido ceñido y desaconseja, en principio, otros usos, en consonancia con la afirmación de Ramón y Cajal relativa al género de la literatura científica que nos ocupa: «Buenos para la enseñanza, los manuales son pésimos para guiar al investigador»3); si no pésimos, no son en términos generales lo más recomendables, a mi juicio.

2. Enraizada así la misión de la obra que abren estas líneas he aspirado en todo momento a que su estructura fuera orgánica, propia de un cuerpo científico entero y provisto de las distintas funciones propias de la organicidad; que fuera clara, pues la claridad, además de constituir el elemento fundamental de la elegancia en el que escribe, es el salvoconducto inexcusable para el aprendizaje, si se me aprieta, hasta gustoso; que fuera ordenada y desmenuzada, al servicio ello de la claridad inhallable si no se dan estos dos atributos; y, por fin, que fuera equilibrada, lo que equivale a decir que el contenido de las respectivas lecciones mantuviera entre sí, sin perjuicio de las diferencias inevitables, un equilibrio, tanto en cuanto a la extensión como a la profundidad, extremo buscado también entre los distintos elementos integrantes de cada una de las lecciones.

3. Tal estructura formal alberga una sustancia jurídico-financiera de la que he pretendido que descollara por encima de toda su unidad intelectual y científica. Esta unidad se ha trabado gracias a la del objeto de conocimiento sobre el que se proyecta el libro, a la faceta de tal objeto cuya atención se ha intensificado, y al estilo que anida a lo largo de las páginas a las que doy ahora pie.

Creo, en efecto, que el libro transpira por todos sus poros la unidad del objeto de conocimiento científico sobre el que se construye, lograda merced a distintos engarces a los que intento dar el tono que merecen, sobre todo en la parte primera y cimentadora. La unidad científica así basada ha dado paso fácil a la intelectual, piedra angular del tratamiento orgánico, interrelacionado, sistemático y completo, aunque sintetizador que he perseguido. ¡Nunca he podido advertir tanto la unidad científica e intelectual del Derecho Financiero y Tributario en su totalidad que cuando he redactado la obra que introduzco con estas líneas!

Me he denodado en intensificar el carácter unitario del libro intentando poner la máxima pulsión en los conceptos y categorías duraderos, que prestan a lo jurídico-financiero su esqueleto permanente con independencia de encarnaciones más o menos pasajeras. En el estado de incontinencia normativa que aqueja a nuestro ordenamiento jurídico y que en lo financiero ha llegado hasta el estridor insoportable para, entre otros, el principio de seguridad jurídica, cobra lugar cabecero lo escrito muchos años hace ya por Azaña: «Mirar lo que está pasando impide ver lo que no pasa, es decir, lo que nunca deja de pasar. Lo actual excluye a lo perdurable»4). Así pues, he intentado prestar las mejores alas a la unidad del manual persiguiendo que lo actual (la cambiante y circunstancial riada normativa de casi todos los días, de lo que, empero, debe ofrecerse noticia adecuada), no ya excluya sino simplemente perjudique la visión de lo perdurable (los conceptos y categorías básicos que constituyen el asidero permanente de lo jurídico-financiero).

Considero que al estilo (aquello difuso pero muy consistente al formar parte del alma de todo escrito) también debe su unidad el libro. Al margen de lo formal (lo estilístico en el sentido más reducido y angosto del término), he buscado con ahínco suministrar al alumno información motejada, cuando lo he estimado pertinente, de opiniones críticas propias o ajenas, para así contribuir a la formación del lector.

4. En el campo del alimento intelectual del contenido jurídico-financiero de la estructura formal del libro, extremos a los que he aludido en los apartados anteriores, quiero hacer una importante observación.

No poco tiempo me ocupó en los prolegómenos la fijación del criterio rector de la bibliografía al que me iba acoger. Siempre en la cabeza las conveniencias del alumno, pensé que cuajar el libro de citas de nivel monográfico le arrastraría al aturdimiento confundidor, precisamente cuando más claridad precisa, en estos sus primeros pasos jurídico-financieros. En el polo opuesto, me parecía desacertado no dar noticia al estudiante de otras opiniones que no fueran las mías o, cosa peor, me parecía incorrecto exhibir como propias, aunque coincidiera con ellas, opiniones de otros autores; además, siempre consideré, y así he intentado plasmarlo en las clases, que el alumno debe familiarizarse, además de con las doctrinas básicas, con los integrantes de la academia universitaria jurídico-financiera; no olvidemos en tal sentido la propensión a lo general y universal a la que debe aspirar siempre lo universitario, por mucho que la realidad tienda a desfigurar algo tan elemental y básico. La combinación de todos estos factores me llevó a una conclusión, que he respetado férreamente a lo largo de las páginas empiezan ya de inmediato. Decidí limitar las citas de autores a las de obras del género al que pertenece este libro, es decir, a los autores de manuales u obras muy equivalentes. Sé que ésta es una decisión arriesgada de cuyos flancos débiles soy perfecto conocedor, mas, entre las barajables, es la que he creído que encajaba con más suavidad en lo que pretendía hacer. Este punto conclusivo debe verse acompañado del reconocimiento hondo de la nutridísima y muy selecta bibliografía jurídico-financiera de carácter monográfico. Las entrañas de las opiniones que manifiesto como propias se han nutrido fructíferamente de ellas y, por consecuencia, están muy latentes en el libro que presento; sólo las exigencias didácticas en las que he creído ha desaconsejado, a mi juicio, su cita patente.

Por último, me he empeñado en que las citas bibliográficas, dentro de los linderos señalados, fueran mesuradas y equilibradas en el seno de cada capítulo-lección y entre capítulos-lecciones respectivamente.

IV

He dado breve noticia de algunos rasgos fundamentales de la estructura formal del libro, del contenido jurídico-financiero que le da sustancia y de la nutrición bibliográfica que lo alimenta. Pero ni mi intelecto, ni mi pluma, ni, a la postre, todo mi ser me permiten que ponga el punto final sin hacer mención al germen de todo ello. Constituye el germen de todo ello las irradiaciones de la persona y de la personalidad de don Fernando Sáinz de Bujanda (todavía me temblequea el pulso cuando escribo su nombre) que en mí cuajaron desde julio de mil novecientos setenta y siete (fecha en la que le conocí personalmente dentro del salón de plenos del Congreso de los Diputados), hasta pocos días antes de su muerte, primeros días de abril de mil novecientos noventa y nueve, momento en el que en su apagada voz de hilo telefónico latía sin embargo ya lo que se hizo patente el día trece de aquel mes. Atesoro en esos cuadernos de anotar la vida que llevamos dentro de nuestro más hondo ser una variedad de impresiones y vivencias personales relacionadas con don Fernando, que quizá algún día rompan los diques que las embalsan y se desborden en una publicación que tenga por misión trazar la semblanza personal según mi visión de quien tanto aprendí que incluso aprendí de él aspectos que no querría ver en mi trayectoria personal y profesional.

V

El apartado de los agradecimientos es tan escueto como sentido y contundente. Quedo con sinceridad deudo en lo personal y universitario de mis amigos y compañeros Francisco Clavijo Hernández, Catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de la Laguna, y Pablo Chico de la Cámara, profesor titular de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad Rey Juan Carlos, por su generosa ayuda, atizada por las prisas editoriales, en la última revisión del libro, lo cual, además de atinadas observaciones hoy ya recogidas, me dio confianza ante la inesquivable duda que asalta a todo autor a la hora del punto final: ¿tendrá algún valor lo que he escrito? A mi amigo y compañero de despacho Manuel Díaz le agradezco con viveza la colaboración documental y de ordenación que me ha prestado, y a Guadalupe Díaz, su ayuda en la «traducción» de lo que yo escribía (soy de los que todavía lo hacen a mano) y su debida reproducción en términos legibles. Por fin, a Editorial Aranzadi le estoy agradecido por darme la bienvenida en su ya prestigiosa colección de manuales universitarios.

Luis María Cazorla Prieto

Playa de Salinas (Asturias), 11 de agosto de 2000.

  • Abreviaturas
  • Nota a la 20ª edición
  • Presentación
  • Parte I: La consideración jurídica de la actividad financiera
    • Lección 1. El Derecho Financiero y Tributario como rama autónoma de la ciencia del Derecho
    • Lección 2. Los sujetos activos de la actividad financiera
    • Lección 3. El objeto de la actividad financiera
    • Lección 4. Las fuentes del Derecho Financiero y Tributario
    • Lección 5. La ley y otras fuentes del Derecho Financiero y Tributario
    • Lección 6. La aplicación e interpretación de la norma jurídico-financiera
  • Parte II: El ordenamiento jurídico de los ingresos de los entes públicos
    • Sección I: El ordenamiento jurídico de los ingresos tributarios. Elementos comunes del Derecho Tributario
      • Lección 7. Los conceptos y categorías propios del Derecho Tributario (I)
      • Lección 8. Los conceptos y categorías propios del Derecho Tributario (y II)
      • Lección 9. Las obligaciones tributarias. El hecho imponible
      • Lección 10. Los obligados tributarios (I)
      • Lección 11. Los obligados tributarios (y II)
      • Lección 12. La cuantificación de la obligación tributaria principal
      • Lección 13. La extinción y las garantías de la deuda tributaria
      • Lección 14. La aplicación de los tributos. Información y asistencia a los obligados tributarios
      • Lección 15. La aplicación de los tributos: Normas comunes sobre actuaciones y procedimientos tributarios
      • Lección 16. Actuaciones y procedimientos de gestión
      • Lección 17. Actuaciones y procedimientos de inspección
      • Lección 18. Actuaciones y procedimientos de recaudación
      • Lección 19. Las violaciones del ordenamiento jurídico-tributario y su sanción (I)
      • Lección 20. Las violaciones del ordenamiento jurídico-tributario y su sanción (y II)
      • Lección 21. La revisión en vía administrativa de la materia tributaria (I)
      • Lección 22. La revisión en vía administrativa de la materia tributaria (y II)
    • Sección II: El ordenamiento jurídico de los ingresos crediticios
      • Lección 23. Los ingresos crediticios
    • Sección III: El ordenamiento jurídico de los ingresos patrimoniales y de otros ingresos de los entes públicos
      • Lección 24. Los ingresos patrimoniales. Otros ingresos de los entes públicos
  • Parte III: El ordenamiento jurídico del gasto público. El Derecho Presupuestario
    • Lección 25. El Derecho Presupuestario
    • Lección 26. Los principios presupuestarios
    • Lección 27. El ciclo presupuestario (I)
    • Lección 28. El ciclo presupuestario (y II)
    • Lección 29. El Presupuesto de las Comunidades Autónomas
    • Lección 30. El Presupuesto de otros entes públicos
    • Lección 31. Los ilícitos en materia presupuestaria y subvencional

LUIS MARÍA CAZORLA PRIETO

Catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad Rey Juan Carlos. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

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